Las benditas rutinas

Antes de empezar mi post, quiero agradecer el recibimiento que ha tenido el blog. Tanto los comentarios aquí como los “me gusta” en Facebook, los “favoritos” en Twitter, las suscripciones por e-mail, las visitas desde otros países, que me han llenado de orgullo y satisfacción… no pensaba que fuera así, de modo que gracias a todos los que habéis bendecido este blog (de momento).

Y de bendiciones no quiero hablar, pero si de las benditas rutinas. Esas que hacen que mis hijos (y todos los hijos del mundo) tengan claro que, como norma general, después de una cosa viene otra. Quiero, por encima de todo, explicar las rutinas ahora, para luego poder compararlas con las que habrá a partir de dentro de pocas semanas. Muy probablemente, antes de lo que pensamos. Álvaro va a llegar antes de hora. Tal vez en dos o tres semanas lo tengamos en este mundo de locos. No puedo decir más porque su madre no me deja (aunque sí que diga esto) y porque yo tampoco quiero. Solo deseo, como todo padre, que venga cuando tenga que venir. Pero que venga bien y que crezca sano.

Dicho esto, este es nuestro día a día, inaugurado por enésima vez hace 3 semanas cuando Adolfo empezó a ir al colegio:

Toca ponerse en marcha a eso de las 7:10 para despertarlo a él a las 7:15. Dado que necesitamos un buen rato para ponerlo en pie, unos 10 minutos, desayuna en torno a las 7:25 y se le viste para que esté listo a las 7:55, que es cuando vienen a recogerlo para llevárselo. Entre medias, si ha colaborado, le dejamos ver dibujos en la tablet. Durante los primeros días usé el recurso de decir “levántate y te pongo la tablet” y corría como un resorte. No está bien. Lo sé. Por eso ya no se lo digo, aunque le permito que lo vea un rato si ha hecho las cosas a tiempo. Eso no está tan mal, creo. Todo ello con el máximo silencio posible para no despertar a Inés, que lo hace, como norma general, entre las 8:30 y las 9. A partir de ese momento todo el protagonismo es para ella. Lo de siempre: cambio de pañal, sentarla en la trona, prepararle el biberón, vestirla… ahora hemos ganado un poco de libertad porque desde hace un par de semanas se toma el bibe ella sola, con lo cual no pierdes 5 minutos dándoselo. Vale, no “pierdes” 5 minutos sino que lo inviertes en el cuidado de tu hija. Pero a efectos prácticos, ganas ese tiempo para hacer otras cosas.

La mayor parte de los días, tras esta primera fase suele dormirse al rato, un par de horas, ya sea en casa o en casa de su abuela, donde va muchos días si no podemos quedárnosla nosotros. Ahora, todo ha cambiado un poco con las bajas y otras obligaciones paternales. La familia entera se vuelve a reunir en torno a las 17:30, cuando recogemos al niño del colegio. Luego llega la gran pregunta: “¿Qué hacemos con los niños?”. O llevarlos al parque, o ir a algún centro comercial a que se cansen… lo cierto es que en casa no pueden estar. La alternativa de poner a uno a ver dibujos y a otra a sacarlo todo de los cajones no es muy tentadora. Los domingos hay que hacer piruetas, así que siempre vienen bien planes como estos: http://newsok.com/20-activities-for-dads-to-do-with-their-kids/article/5343559/?page=2. Y si alguien tiene otros, que seguro que los hay, que sea tan amable de decírmelo.

Tras el inicio del curso hemos empezado a cambiar otra rutina: la del baño y la cena. Solíamos iniciar el proceso en torno a las 20 horas, y lo hemos adelantado media hora, así que muchos días a las 20:15 ya están bañados y cenados. Eso hace que todo se adelante, y antes de las 10 de la noche estén durmiendo. Quien más lo agradece es Adolfo, que puede dormir más. Inés se sigue durmiendo a su hora, en torno a las 21:30.

Esto es lo que hacemos casi siempre de lunes a viernes. El fin de semana es otra cosa.

¿Y a partir del tercero, qué? Estamos preparados para tirarnos más de 20 minutos vistiendo, otros tantos bañando y poniendo pijamas, otros tantos o más dando de cenar, otros muchos más tratando de dormir a los tres… Bueno, preparados no sé si estamos. Mentalizados, sí; no nos queda otra.

Por cierto, voy a tratar por todos los medios contar cosas al menos una vez por semana. Pido perdón de antemano si alguna vez no lo consigo. Pero lo intentaré.

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2 thoughts on “Las benditas rutinas

  1. Os veo muy bien organizados, jejeje. Yo no lo podría contar tan bien porque nuestra rutina ni es rutina ni es nada, todo es aproximado, jijiji.
    Besos familia
    Por cierto, si queréis portear para que moverás todos juntos sea más fácil y efectivo ya sabéis.

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  2. Qué gusto de organización! Aunque si ya lo tenía claro antes, después de leer esto me reafirmo en que Daniela tendrá que esperar a tener hermanitos 5 años al menos jaja
    Ya sabes que aqui estaré con la llegada de Álvaro para lo que necesitéis y ahora que vamos a ser vecinos más. Espero haber terminado la mudanza antes de que llegue…
    Otra vez enhorabuena por el blog, Cris y tú sois unos padrazos.
    Un abrazo!

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